Volver a Rioja

Los días largos de cuarentena. Las noches también largas. Recibí la información en un mensaje directo de Instagram de parte de una amiga. Parecía una buena idea. Me inscribí y decidí dedicar las noches a volver a Rioja.

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen, como parte de su aporte durante las medidas de confinamiento, permitió el acceso gratuito a sus diplomados sobre los vinos que representa. Era una oportunidad para explorar de forma sistemática el conocimiento sobre estos vinos que tanto me gustan.

Me propuse recorrer un par de veces cada uno de los nueve módulos. A prestar atención incluso a lo que para mí era obvio. Que es tierra de tintos. Que es tierra de tempranillo. Que el uso riguroso de la madera crea vinos de potencia y elegancia muy particulares.

Y leí con interés las novedades de una de las pioneras de las denominaciones de origen en el mundo, sobre todo el concepto de los vinos de viñedos particulares. Esa nueva manera de leer la Rioja que ya no da tanto peso al tiempo de añejamiento (Crianza, Reserva, Gran Reserva) sino que va directo al origen: del vino de región, de municipio y de pueblo hasta el vino producido con uvas de esos pequeños viñedos que tienen una historia de más de 35 años y siguen el mismo proyecto de vinos desde hace 10 años, que es una celebración del terroir que muchas bodegas esperaban.

Recordé cuando alguna vez leí el término “riojitis”, entendido como la obsesión excluyente del entusiasta del vino por los de esta región por encima de otras regiones españolas. Y volví a decirme que este tipo de fenómenos en el vino no pueden ser sólo producto de comunicación, publicidad y distribución, como se sabe desde la Antigüedad, la verdad está en el vino. Está en las notas de tierra mojada y café, en esa sensación de cerezas y otras frutas rojas, en las especias dulces, la vainilla y el coco, en la exquisita longevidad. Está en lo que la garnacha, la mazuelo y la graciano y otras variedades aportan a la tempranillo. Está en lo bien que se llevan estos vinos con las carnes a las brasas.

Comencé obligándome a volver a Rioja. Tras el diplomado y, sobre todo, después de un par de descorches, decidí quedarme y recordarle a quien lea estas líneas que vale la pena a hacer ese viaje que está a una copa de distancia.

Artículo de Jesús Nieves Montero

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