Vinos y pan de jamón: una intensa picada navideña

Mientras con algún queso podríamos tener reserva por su carácter leve, con casi cualquier embutido que no tenga el calificativo de “light” la asociación con el vino es inmediata: el carácter graso y variablemente salado en el paladar pide casi siempre un tinto.

Creo que casi todos podemos contar historias de veladas compartidas con amigos copa en mano y con alguna chistorra, un jamón curado, lonjas de pastrami o salchichón, momentos en los que el tiempo pasa sin preocupaciones. Entonces ¿cómo podría superarse eso?

La respuesta nació a principios del siglo XX en el casco histórico de Caracas cuando un par de panaderías decidieron usar retazo de jamón para rellenar masa y así nació el pan de jamón. Entonces, no hay sólo el embutido aunque hay que explicar que está potenciado porque es jamón ahumado y tocineta porque está el punto dulce de la masa y las pasas y el carácter de las aceitunas que da una complejidad a cada rebanada. Es por eso que, así como componente del plato navideño, el pan de jamón por sí mismo es un manjar que invita a su disfrute sólo pero, eso sí, con vino.

Para mí pan de jamón es malbec o merlot. Malbec de esos golosos con paso por madera que acompaña los ahumados del jamón y una fruta oscura que tiene eco en las pasas del pan. O merlot, también con barrica para que las notas de café agreguen complejidad y la acidez de la fruta limpie el paladar.

¿Para qué forzar un plato navideño completo cuando lo que se quiere es un compartir con uno de los sabores emblemáticos de la temporada? Pan de jamón y un buen vino es un plan gourmet excepcional con sabor venezolano.

Artículo de Jesús Nieves Montero

Foto original de www.unapizca.com