Vino para la salud

¿Es bueno el vino para la salud?
Definitivamente sí. Bebido con moderación y respetando ciertos criterios, está debidamente demostrado que el consumo de vino produce una serie de beneficios positivos para la salud, ayudando en muchos casos a prevenir enfermedades y en otros a la curación o alivio de ciertos males.

¿Y desde cuándo el vino es bueno para la salud?
Desde siempre. El vino es tan antiguo como el hombre y desde su descubrimiento, seguramente casual, ha sido apreciado por sus propiedades terapéuticas, por sus bondades alimenticias y por sus virtudes en la curación de los males del alma. El vino figura en los primeros textos de la medicina tradicional como remedio desinfectante, somnífero o narcótico, y como “tónico para la mente y el cuerpo, antídoto para la pena y la fatiga, productor de hambre, moderador de la digestión y creador de la felicidad”.

¿El vino es bueno para todo?
Bueno, no así, pero las investigaciones recientes han confirmado el potencial terapéutico del vino, tal como se descubrió hace miles de años. Las publicaciones médicas especializadas están llenas de estudios que confirman sus bondades en la prevención o tratamiento de determinadas enfermedades. El vino, especialmente el tinto, bebido con moderación puede: acelerar la recuperación tras una intervención quirúrgica, actuar como antiinflamatorio, aliviar dolores artríticos, aliviar la depresión, ayudar a la digestión, combatir el estrés, combatir el herpes, combatir la caries, combatir los resfriados, destruir el virus de la poliomielitis, disminuir el riesgo de contraer degeneración macular, disminuir el riesgo de contraer el mal de Alzheimer, disminuir el riesgo de contraer el mal de Parkinson, elevar el nivel del colesterol bueno HDL-2, estimular el apetito, estimular la pérdida de peso, evitar el apelmazamiento de las plaquetas, evitar enfermedades de los riñones, evitar la formación de trombos, evitar los infartos, ayudar a prevenir diferentes tipos de cáncer, evitar o disminuir la oxidación del LDL, mejorar el funcionamiento general del organismo, mejorar la eficiencia de la insulina, mejorar la función endotelial estimulando la producción de óxido nítrico, mejorar las funciones pulmonares, prevenir la osteoporosis, prolongar la vida, proporcionar una mejor calidad de vida, proteger de las enfermedades cardiovasculares, proteger de las enfermedades gastrointestinales, por su acción bactericida, reducir el riesgo de cálculos biliares, reducir el riesgo de cálculos renales, reducir el riesgo de problemas de próstata, reducir la hipertensión, reducir los niveles sanguíneos de colesterol LDL, retardar el deterioro cerebral que ocurre con la edad…y quién sabe qué otras cosas más que aún están por descubrirse. Todas estas afirmaciones están respaldadas por sus correspondientes estudios científicos publicados internacionalmente.

¿Vino y digestión?
Que el vino es bueno para la digestión se sabe desde los tiempos antiguos. Bebido como aperitivo aumenta la secreción salivar y dispone al organismo para una mejor digestión. Por sus taninos es beneficioso para el tracto gastrointestinal. Estimula las secreciones intestinales y combate el estreñimiento. Facilita la digestión de las proteínas. Además, consumido entre comidas y con moderación, no causa daño alguno a las mucosas gástricas.

¿Vino blanco para los pulmones?
Sí. Estudios presentados en Atlanta, USA, el 20 de mayo de 2002, en la Conferencia Internacional de la Sociedad Torácica Norteamericana, dan cuenta de que aquellas personas que beben sólo vino blanco tienen los pulmones más sanos, seguidos de los que beben vino tinto, mientras que el consumo de cerveza u otras bebidas alcohólicas no muestra efecto positivo sobre la salud pulmonar. Y en la revista BMC Pulmonía Medicine, de mayo 2002, el Dr. Schunemann afirma que “quienes toman asiduamente vino blanco poseen pulmones más sanos que quienes toman sólo vino tinto”. Esto fue una sorpresa ya que hasta ese momento, el vino tinto mostraba siempre beneficios superiores.

¿Más vino mayores beneficios?
¡No! Diferentes estudios demuestran los beneficios protectores que arroja el consumo moderado y asiduo del vino, especialmente en casos de infartos de miocardio, trombosis cerebrales y de otros tipos. Esto gracias a la acción del etanol y los polifenoles. Esos mismos estudios indican que la acción protectora no surte mayor efecto una vez que se supera la dosis diaria de 30 gramos de etanol. En las mujeres el límite es menor, así como en las razas asiáticas e indígenas.

¿Vino y estrés?
Está demostrado que el consumo moderado de vino retarda el deterioro de las capacidades intelectuales asociadas con la edad. Los que acostumbran a beber regularmente la dosis adecuada, presentan menores niveles de estrés, de ansiedad y de depresión. Para decirlo en palabras sencillas y según David O’Gorman, “los bebedores moderados de vino disfrutan de una mejor salud psicológica en general”. Los especialistas dicen que es bueno para combatir la tristeza — algo que los poetas intuyeron mucho antes –, para aumentar la confianza y hacer la vida más llevadera.

¿Saber beber?
Para beber hay que saber beber. La tolerancia del alcohol depende mucho de la manera y el momento en que se bebe. El vino se consume con las comidas y el hecho de beber con el estómago lleno ayuda a una absorción más lenta del alcohol, y a que se metabolice de forma gradual, sin grandes concentraciones en la sangre.

Tomado del Manual del Vino de Miro Popic

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