Viña Los Vascos: La recompensa del afinamiento en botella

Por lo general, el consumidor común de vino adquiere los productos del anaquel para descorcharlos de inmediato, sin pensar si el mismo tiene -o no- potencial de guarda, remitiéndose casi siempre a buscar etiquetas con añadas lo más reciente posible.

Si bien lo anterior es lo más natural y es la recomendación que uno recibiría de un experto, la realidad es que en la actualidad hay muchos vinos en los anaqueles de las licorerías venezolanas que datan de cosechas de hace cuatro, seis u ocho años, los cuales se encuentran no solamente en perfecto estado, sino que, a su vez, pueden sorprender gratamente el paladar del catador.

Un ejemplo de ello son los vinos de la gama de inicio de Viña Los Vascos, específicamente el Sauvignon Blanc 2013 y el Cabernet Sauvignon 2012. La pregunta que cualquiera podría hacerse es: ¿De verdad esos vinos chilenos están correctos, si se supone que son productos para ser consumidos jóvenes?La respuesta a la pregunta anterior es sí. No solamente están correctos; son vinos que se mantienen vivos para el disfrute del consumidor porque han evolucionado de una forma hermosa, para ofrecer algunas características que posiblemente no eran las que tenía en mente su enólogo cuando los creó, pero las cuales lo sorprenderían gratamente.

El Sauvignon Blanc (2013) se presenta en vista con un color amarillo pálido, límpido, aun brillante y ligero en copa. Una nariz de intensidad media permite reconocer aromas de frutos cítricos como el pomelo, así como algunas notas de piña madura y melocotón, las cuales se conjugan con el carácter herbáceo/vegetal del vino. Su delicada entrada dulce desaparece inmediatamente para dar paso a una acidez media y a un carácter mineral/salino que se percibe en nariz y que se confirma en el paladar. La sensación de alcohol es media, así como el cuerpo del vino, que persiste en boca gracias a una frescura a la que algunos no apostarían en un vino blanco con cinco años de edad.


Por su parte, el Cabernet Sauvignon (2012) decide no esconder su edad y se muestra con un color rubí que degrada hacia el granate, en una capa de profundidad media, con buen brillo y lento andar en copa. Sorprende su intensidad en nariz y su compleja paleta aromática, especialmente para un vino que nunca pasó por barrica. Inicialmente se perciben aromas reductivos que se mezclan con ciertas notas de sotobosque. Pero al dejarlo respirar, se consiguen notas de frutos negros de bosque en confitura, pinceladas de lavanda, aromas balsámicos y un delicado toque de eucaliptus totalmente amalgamado con el resto de la paleta. Su entrada en boca es intensa, pudiéndose confirmar los aromas en el paladar, acompañados por un delicado dulzor y una acidez media. Taninos aterciopelados se conjugan con un cuerpo medio/alto, con buena presencia de alcohol, en un vino de persistencia larga que, con seis años de vida, genera una excelente conversación entre quienes lo degustan.

Si bien los vinos jóvenes se recomienda descorcharlos máximo entre dos y tres años después de su cosecha para poder percibir en ellos los aromas, frescura y acidez de cuando fueron elaborados, pasado ese tiempo el vino -si ha tenido condiciones ideales de guarda- comienza a evolucionar dentro de la botella, cambiando de color, disminuyendo su intensidad aromática, modificando el tipo de aromas y ofreciendo menor acidez/alcohol/taninos. Lo interesante es que siempre podemos llevarnos gratas sorpresas como nos ocurrió con las dos añadas de Los Vascos: 2013 para el blanco, y 2012 para el tinto.
¡Salud!

Artículo de Elizabeth Yabrudy I.
@eyabrudyi