Los mejores matrimonios del vino en Chile

Chile cuenta con los vinos de más calidad de Sudamérica, y su geografía permite descubrir cepas desconocidas en Europa que maridan con platos autóctonos

La extraña geografía de Chile le permite contar con excelentes tierras, muy ricas en frutos y paisajes, de alma generosa como dicen en este país. Ya lo destacaba en su obra “La Araucana” el poeta español Alonso de Ercilla y Zúñiga, donde daba cuenta de la diversidad de climas y paisajes, así como de la fortaleza de sus habitantes.

Este regalo de la naturaleza le otorgó una gran variedad de territorios vitivinícolas, que se extienden por más de 1.000 kilómetros, tanto de norte a sur como desde los pies de la cordillera de Los Andes hasta el océano Pacífico.

Ninguna celebración en Chile se realiza si no es con una buena copa de vino en la mano. Y es que sus tierras han permitido a los expertos ir más allá en el exquisito mundo vitivinícola, siendo hoy uno de los países referentes en este tema, ya que sus cepas son variadas y acompañan hasta los paladares más exigentes.

Más allá del vino

Pero no todo es vino. En las últimas décadas, la cocina chilena protagonizó numerosos cambios que le permitieron enriquecer su oferta gastronómica basada en productos nacionales, con preparaciones que contemplan influencias mediterráneas y europeas.

Un claro ejemplo de la cocina tradicional típica chilena es el famoso pastel de choclo, un guiso campesino a base de una suave pasta de maíz rallado, con toques de albahaca y “pino” de carne, servido, generalmente, en cuencos llamados pailas de greda a altas temperaturas.

Lleva también una presa de pollo contundente, aceitunas, huevo duro y pasas rubias. Un vino clásico chileno perfecto para acompañarlo es un carménère, una cepa que desapareció en Europa a finales del siglo XIX y que reapareció en Chile hace 25 años. Un cinsault o incluso un tempranillo pueden aportar una suavidad extra a este plato.

Maridaje con moluscos

El océano Pacífico bordea más de 4.200 km de costa, provee un exquisita corriente hacia los valles centrales que dan origen a vinos blancos más frescos, incluso nuevas zonas que han permitido que cepas de valles fríos, como el sauvignon gris o el pinot noir proliferen.

De esta manera, la gran variedad de pescados y mariscos con los que cuenta la costa chilena de norte a sur combina a la perfección con este tipo de vinos.

Un molusco muy apetecido, por su sabor y también por su disponibilidad, (de vez en cuando se encuentra en veda) es el loco.

Este bivalvo no sólo tiene diversas maneras de preparación -chupe de locos, entrada de locos con mayonesa o con salsa verde, empanadas de locos- sino que también se combina con un suave sauvignon gris.

El rey salmón

De las entradas estelares el tártaro de salmón es muy popular. Se lo prepara con cortes parejos y pequeños, sazonados con una mezcla que suma jengibre fresco, vinagre, estragón, jugo de limón y un toque de soya, servido con una pequeña porción de palta (aguacate) cortada en cubos pequeños.

Junto a él, un sauvignon blanc es lo primero que se viene a la mente, aunque un pinot noir también resalta con delicadeza sus diversos aromas.

Reinvención de los vinos chilenos

Sin duda, existe un mundo gastronómico por descubrir y experimentar combinado con una creciente y pujante variedad en vinos en una industria que se ha sabido reinventar y competir de igual a igual con grandes actores del mercado mundial.

La invitación está hecha para que visiten todo lo que ofrece cada rincón de Chile, desde la cordillera hasta el mar.

Artículo de Max Hartmann

Tomado de https://www.cerodosbe.com/es/