La importancia de las copas que usamos para el vino

Artículo tomado de: www.cocinayvino.com

por: Ana María Mieres

 

Las copas que usamos para servir el vino son la herramienta ideal para apreciarlo a plenitud. A través de ellas no solo podemos degustarlo, sino que lo observamos con detalle y advertimos sus aromas. No es necesario servir el vino en la cristalería más cara para disfrutarlo más y mejor. No obstante, existen unos principios básicos que hay que tener en cuenta para elegir la copa adecuada.

Pautas generales para elegir las copas correctas para cada vino

  1. Procura las copas redondas, profundas y anchas en su cáliz, que tengan una boca estrecha. Estas copas son ideales para apreciar los aromas sin que estos se nos escapen. Por su redondez y profundidad, nos permiten agitar el líquido con mayor seguridad.
  2. Elige las de cristal (o vidrio) sencillo y transparente. Las copas con colores, biselados o tallados pueden ser muy bellas pero distorsionan la apariencia del vino, sobre todo de los blancos. La primera fase de la cata se vería entorpecida con una copa que no permite apreciar bien el contenido a simple vista.
  3. Toma en cuenta que las copas de vino tinto son generalmente más grandes que las de blanco. Sin embargo hay tamaños más o menos estándar que se pueden usar para ambos tipos de vino, sobre todo si son jóvenes. Cuando se tenga dudas, evitar las exageraciones, una copa demasiado grande puede resultar tan incómoda y poco funcional como una muy pequeña.
  4. Los vinos espumosos hay que servirlos en copas tipo flauta. Aquellas que son largas, delgadas, de diámetro estrecho. La finalidad de esta copa es conservar mejor las burbujas y permitir apreciarlas de manera óptima. Además, la copa flauta también contribuye a “atrapar” los aromas para poder disfrutarlos mucho más tiempo, ya que en los espumosos los aromas son más volátiles.
  5. Para los vinos fortificados existen unas copas más pequeñas, como una especie de copa estándar en tamaño pequeño. La típica copa de Jerez es ideal para vinos fortificados, ya que estos deben servirse en menor cantidad. Mientras más pequeña la copa, menos vino, y se mantendrá la temperatura correcta, que en los fortificados debe ser más baja.