El malbec y los demás. Pequeño homenaje al vino argentino

En condiciones atípicas, este 2020 igual se celebra el Día Mundial del Malbec (el vino argentino por excelencia) y en lugar de volver a resaltar esas cualidades magníficas, su fruta intensa, las notas florales que recuerdan la violeta y la lavanda, y las especias dulce como el clavo y la canela, decidí celebrar las demás variedades que también encuentran en alguna de las regiones argentinas una expresión única.

Tintos clásicos franceses.

La forma como el cabernet sauvignon logra una personalidad marcadamente diferente de los ejemplares del otro lado de la cordillera, ya es suficiente para celebrar el vino argentino. Menos austero, el cabernet argentino tiene algo esencialmente jovial. Por otra parte, la elegancia de los pinot noir tanto del Valle de Uco como los de Patagonia ofrecen un placer delicado y vivo. Los merlot son también encantadores: son jugosos, golosos y muy sabrosos.

Blancos clásicos franceses.

Un sauvignon blanc crecido al calor de zonas como Luján de Cuyo o un chardonnay con uvas que crecen en los suelos calcáreos de Tupungato llevan a otro nivel las variedades blancas francesas. En los sauvignon hay acidez pero no la austera del limón sino la tropical de la piña, los chardonnay con madera son ricos en manzana verde y notas de mantequilla. Por eso hay también pueden elaborarse buenos espumosos.

Bonarda.

La gran esperanza tinta. La buena acidez y las notas de fruta fresca y café hace que los vinos elaborados con esta variedad puedan ser por igual ser disfrutados con o sin el beso de la madera. Los platos más internacionales de la cocina italiana tienen una sintonía perfecta.Torrontés. A diferencia de los blancos franceses, el alma del torrontés es su perfume y su volumen por lo que no se trata del típico blanco que hace salivar y sirve de aperitivo sino que puede ser buen acompañante de platos con salsas cremosas.

Artículo de Jesús Nieves Montero

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