Brindis y letras, las bebidas de escritores

Artículo tomado de: www.cocinayvino.com

 

 

Para nadie es un secreto que las bebidas alcohólicas han servido de musa e inspiración para grandes escritores. Tal es el caso de Scott Fitzgeral, Ian Fleming o William Faulkner, quienes tuvieron un affair con los espirituosos, y de dichas aventuras nacieron grandes obras literarias. Ya anteriormente te hemos mencionado cuáles eran los cocteles preferidos de estos tres personajes. Ahora te invitamos a sumergirte en este recuento por las bebidas de escritores.

Capote, Hemingway o Wilde son algunos de los genios literarios que tenían como hábito disfrutar, sin mesura alguna, de una copa.

Bebidas de escritores:

Truman Capote

Las bebidas fueron fuente de inspiración para Truman Capote. El autor de A sangre fría y Desayuno con diamantes era un completo fanático de las bebidas espirituosas.  Él mismo confesaba que iniciaba su día con: “Café. A medida que avanza la tarde, cambio mi café por té de menta, luego, jerez, y termino con Martinis”. También era abiertamente conocida su pasión el coctel destornillador, al que solía llamar “mi bebida de naranja”.

A su biógrafo de cabecera, Gerard Clarke, le confesó más de una vez que le debía todas sus miserias y adicciones a su obra A sangre fría. De hecho, mientras la escribía se dice que llegaba a tomarse hasta tres Martinis doble al día.

 

Oscar Wilde

El escritor irlandés decía que “solo las personas poco creativas fallan al encontrar una razón para tomar champagne”. Y es que para Wilde no había excusa alguna que le impidiera disfrutar de un buen champán, su bebida preferida. Tanto los buenos momentos de su vida como los más difíciles se los bebió con su vino efervescente.

Mientras era todo un dandi londinense, Oscar Wilde disfrutaba de la champaña, con un chorrito de coñac y fresas azucaradas.  Cuando fue acusado y encarcelado por sodomía e indecencia, Oscar pidió que le llevaran a su celda una copa de Perrier-Jouët de 1874. Incluso hay registros donde Wilde aseveraba: “La champaña helada es una de mis bebidas favoritas, en contra de las órdenes de mi médico de cabecera”.

Luego de salir de la cárcel se exilió en París. Allí ahogaba sus penas, desamores y su homosexualidad —que en el fondo le perturbaban— en sustanciosos vasos de licor de absenta. Su fetiche por el champán no cesó, aun y cuando estaba sumido en la miseria. Recorría las calles parisinas, cual vagabundo, gastando lo poco que le quedaba en su costoso gusto. Incluso, ya en su lecho de muerte, tomaba champán para que le sirviese de analgésico.

 

Dylan Thomas

Dylan Thomas es, sin duda, uno de los escritores más famosos, no solo por sus obras, sino, también, por su gran adicción a las bebidas alcohólicas. Este genio dramaturgo, poeta y escritor concentraba en sí todo un exceso de literatura. Y, también, muchos litros de alcohol. La verdad es que estas dos grandes características de su vida iban tomadas de la mano; para que su escritura surgiera con tal fluidez y brillantez era necesaria cierta dosis de alcohol en su sangre.

En la autobiografía de su mujer Caitlin Thomas, explica que ellos no habían tenido una historia de amor, sino de bebida: “Nuestro único y verdadero amor era el alcohol”. Y es que, para ambos, las bebidas espirituosas eran un gran motor de su estilo de vida bohemio.

Justo antes de morir, Dylan esbozó: “Me he bebido 18 whiskies seguidos. Creo que es un récord”. Se sentía orgulloso de haber bebido tanto en una misma noche y continuar de pie. Poco después murió por una afección respiratoria que no se había atendido.

 

Raymond Chandler

Este escritor estadounidense era todo un fanático del coctel Gimlet, ese mismo que era el preferido del inspector Philip Marlowe —creación suya—. Fue gracias a este personaje que la bebida mezclada saltó a la fama de los bares.

Para Chandler la bebida era su musa, pues le era casi imposible escribir una línea si no estaba completamente borracho. Fuese bajo los efectos del whisky o el Gimlet, el Raymond escribió sus obras bien hiladas del género policíaco.

 

Ernest Hemingway

Al igual que los otros escritores que ya hemos mencionado, Ernest Hemingway disfrutaba la bebida. Quizás demasiado. De sus días en Cuba adoptó algunas de sus bebidas en su bar personal. Gustaba de mojitos, aunque por su condición de diabético procuraba optar por cocteles menos dulces.

Los daiquirís eran uno de sus favoritos. Eso sí, lo hacía con sus modificaciones. No le agregaba azúcar; en su lugar, usaba jugo de limón y toronja con seis gotas de licor de cerezas marrasquino, hielo y ron blanco. Lo mezclaba y tomaba en un vaso de gran tamaño. También gustaba del champán, especialmente mezclado con un poco de absenta. A este mezclado lo llamaba “muerte por la tarde”. Sí, así, como el libro.