3 razones para enamorarse del champagne

Aquí te contamos por qué aunque puedes disfrutar algunos de los buenos espumosos que se elaboran en otras partes del mundo, siempre hay buenas razones para volver al rey de las burbujas.

Elaboración. ¿Por qué crees que en tantas botellas elaboradas fuera de Francia se dice con orgullo que se utiliza el Método Tradicional o Champenoise? ¡Porque en cierta forma todo espumoso “sueña” con ser champagne! La elaboración de vinos que tienen como fin esperar a entrar en mezclas en años posteriores, el paciente trabajo de la levadura y el azúcar, los períodos de crianza que pueden ir de los 15 meses hasta 15 o más años, la adición de pequeños porcentaje de vino tinto para crear los rosados, la tarea del degüelle de la botella, la colocación del corcho, el bozal y la cápsula para hacer posible un gozoso descorche forma parte de un ciclo cuidadoso, continuo y valioso para quien lo conoce y sabe apreciar. Sólo la paleta de sabores que va del brut nature a un demi sec, desde la desnudez total de la acidez austera a la adición golosa del azúcar merece una degustación detenida, para entregarse al placer.

Maridajes versátiles. Una de las grandes revelaciones para quien disfruta el vino es entender que el aperitivo o la copa de celebración están lejos de ser las únicas y menos aún las mejores ocasiones para descorchar un espumoso de tanta complejidad como el champagne. Lo maravilloso es que luego las armonías al estilo Hollywood de fresas, ostras, foie y otras exquisiteces también son apenas el comienzo de la historia porque realmente un vino que tiene este nivel de acidez y la estructura que puede tener un rosado tiene la espalda suficientemente ancha para otras combinaciones. Con espíritu aventurero puede descubrirse que con frituras es perfecto, con pizza cuando se seleccionan bien los ingredientes e incluso con algunas opciones no tan obvias como el maigret de pato. Tener un vino que no se convierte en una camisa de fuerza obligándote a una pocas posibilidades para acompañarlo y que aparte tiene el placer de su efervescencia se acerca a un ideal gastronómico, nos acerca al placer.

Puro placer. Cuando se agotan los razonamientos, nos quedamos justamente con esa palabra, elegimos el champagne porque produce un placer cuya descripción puede ser complicada pero que está allí para quien abre los sentidos y lo persigue y lo recibe burbuja a burbuja, desde el descorche hasta la última gota y el inevitable deseo de repetir.

Artículo de Jesús Nieves Montero

Foto de: https://www.instagram.com/laurentperrierrose/