3 formas de entender el valor de un vino

En estos días, mirando el documental El precio de todo dedicado a las obsesiones de los coleccionistas de arte, nos quedamos pensando en una de sus frases, una cita de Óscar Wilde que dice: «hay gente que sabe el valor de todo y el precio de nada». Por eso decidimos recopilar tres formas de pensar en el valor de un vino.

Relación precio/calidad.

Cada vez que nos dicen el precio de un vino nos dan un valor nominal que, estrictamente hablando, no expresa nada por sí solo. Para poder saber por qué estamos pagando necesitamos fijarnos en cierta información que nos ayuda a comprender sí debemos comprarlo o no. Por ejemplo, debes recordar que las regiones más famosas del mundo como Rioja, Burdeos, Champagne, Valle de Uco, Barolo, Colchagua, por nombrar algunas, suelen tener más demanda y el precio de los vinos lo va a reflejar, así que debes cuidarte de no estar pagando solo por el nombre de un origen. También el paso por madera incrementa el precio, así que debes tomar en cuenta ese factor. Luego está el tema de las puntuaciones, algunas que conoces por medios especializados, otras que la propia botella de vino te muestra: toma en cuenta que a partir de 85 puntos hay vinos interesantes y que después de 90 tendrás que mentalizarte para pagar ese extra. En conclusión: infórmate y analiza si lo que estás pagando se traduce en lo que vale el vino.

Relación precio/status.

Es una forma de ver el valor de los vinos sobre todo en el caso de los regalos. Cuando uno lleva de obsequio una botella de champagne sobran las explicaciones, ese nombre tiene una magia especial que está relacionada tanto con la historia y calidad de sus vinos como con el estilo de vida al que están asociados: no es por azar que el champagne sea la bebida favorita del famoso agente secreto James Bond. Ocurre también con inscripciones en la etiqueta de un vino como single vineyard o Reserva o Gran Reserva que aparte de referir el primero a la exclusividad de la uva y los dos últimos a la crianza o añejamiento también proyectan calidad y simplemente status. Recientemente podemos ver botellas que lucen las firmas de los enólogos o bodegueros creadores del vino y esto también es sinónimo de status.

Relación precio/placer.

Existe el vino de diario, el vino sabroso que podemos descorchar sin mayor protocolo y disfrutar sin mucha ceremonia y seguramente este tipo de botellas son las que consumimos más frecuentemente. Pero en el otro extremo están esos gustos, esas debilidades particulares por las que, sin duda, estamos dispuestos a pagar más o, en dado caso, a asignar un valor mayor a estas determinadas botellas. Por ejemplo, yo por un malbec jugoso con leve paso por madera, por un cabernet maduro e intenso de California o del Valle de Maipo o por un cabernet franc del Valle del Loira estoy dispuesto a negociar bastante porque me gusta tomarlos, porque literalmente me transportan a una dimensión de placer que sólo encuentro en el vino. Así que sobre esta relación mi recomendación es: prueba muchos vinos y descubre aquellos que te dan verdaderamente placer y cuando te topes con ellos, no pienses en su precio como el de cualquier vino, recuerda que la vida es corta 

¡Salud!

Artículo de Jesús Nieves Montero

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